"El vuelo del Abejorro" - Rimsky-Korsakov

“El ‘Vuelo del abejorro’ no fue concebido como una pieza independiente, sino como un interludio dentro de la ópera.”
LAS ABEJAS ENTRAN EN CLASE
En el pequeño colegio de infantil de Ayllón, una mañana soleada comenzó con risas, pinturas y juegos… pero también con una sorpresa inesperada.
Una pequeña abeja, a la que llamaremos Mielita, había entrado por una ventana abierta. Al principio todo le parecía curioso: colores, juguetes, dibujos… pero pronto se dio cuenta de algo muy importante: no podía salir. Volaba de un lado a otro, buscando flores que no estaban allí, y empezaba a sentirse cansada y triste.
Y no era la única… ¡sus amigas también estaban dentro del colegio! Lunita, Rayita y Zumbina habían entrado detrás de ella sin que nadie se diera cuenta. Las cuatro abejitas revoloteaban juntas, un poco nerviosas, sin saber cómo encontrar la salida.
—Mielita, tengo un poco de miedo… —zumbó Lunita.
—Yo también —dijo Zumbina—, aquí no hay flores…
—Tranquilas, encontraremos la salida —respondió Mielita intentando ser valiente.
Los niños vieron a las abejitas volar cerca de la ventana.
—¡Mira, hay varias abejas! —dijo Lucas.
—¡Están perdidas! —añadió Sofía.
Las profesoras, muy tranquilas, les explicaron que las abejas no querían hacer daño, solo querían volver al campo para libar flores. Entonces, a uno de los niños se le ocurrió una idea mágica.
—¡Podemos ayudarles con música!
La profesora sonrió y puso una pieza muy especial: El vuelo del abejorro, del compositor Nikolái Rimski-Kórsakov.
La música empezó suave… y luego rápida, ligera, como si fueran alas batiendo en el aire.
Los niños comenzaron a moverse despacito, imitando el vuelo de las abejas. Sin hacer ruido, sin asustarlas, fueron formando un camino con sus cuerpos, dejando espacio hacia la ventana abierta.
Mielita y sus amigas, como si entendieran la música, empezaron a seguir aquel “vuelo” que los niños creaban con tanto cuidado. Volaban en círculos, subían, bajaban… y poco a poco se acercaron a la luz del sol.
—¡Por allí! —zumbó Rayita.
—¡La salida! —dijo Zumbina emocionada.
Y entonces… ¡zas! Una tras otra, las cuatro abejitas salieron por la ventana y volvieron al aire libre, donde las flores las esperaban.
Los niños aplaudieron bajito, felices.
Desde ese día, aprendieron algo muy importante:
🌼 Las abejas son amigas de la naturaleza, pero debemos respetarlas.
⚠️ Advertencia: No toquéis las abejas ni las avispas, porque pueden picar y es peligroso. Siempre avisad a un adulto.
Y así, gracias a la música, la calma, la amistad y el trabajo en equipo, Mielita y sus amigas volvieron a casa… y el colegio de Ayllón vivió una aventura que nunca olvidaría. 🐝✨



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